[testimonials design=”clean” backgroundcolor=”” textcolor=”” random=”” class=”” id=””][testimonial name=”Henry Van Dyk” avatar=”none” image=”” image_border_radius=”” company=”” link=”” target=”_self”]“La felicidad es íntima, no exterior; y por lo tanto no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”.[/testimonial][/testimonials]

Dr. Alfredo A. César Dachary

En la sierra del Estado de Guerrero, por tomar un lugar rural de población mayoritariamente pobre, a la Coca-Cola se la considera una especie de bien suntuario, ya que se la sube a lomo de mulas hasta llegar a los ranchos aislados, y se ofrece a las visitas, al tiempo, ya que no hay electricidad. Allí la Coca-Cola es un símbolo de estatus, como lo es en muchas partes del mundo, donde la población mayormente pobre o poco informada hacen de este refresco la cuota de consumo de líquido y de felicidad que todo cuerpo requiere.

El 94% de la población mundial conoce la Coca-Cola, incluido los analfabetos que la identifican por su marca y color, y en Estados Unidos, país donde se creó esta bebida en un día normal 66 millones de personas toman Coca-Cola, que es parte de los 8,000 refrescos que se consumen por segundo en el mundo, que llega a ser 900 millones de estos refrescos bebidos por día en más de 200 países.

Pero todo esto puede ser resaltado por el hecho que un país latinoamericano sea el que consume más este refresco a nivel mundial, y es México, unas 775 botellas por persona al año, lo que equivale a medio litro diario, cifra que supera casi ocho veces al promedio internacional, información que se conoce hasta el 2013, ya que luego de haberles colocado una especie de impuesto de un peso por frasco o lata para combatir la obesidad, la empresa en México ha dejado de emitir estadísticas.

La mega empresa global Coca-Cola es uno de los iconos del poder norteamericano en el mundo, por ser una expresión externa del hoy disminuido y subvalorado American Way Life, al extremo que esta bebida se muestra como un nuevo lenguaje al ser reconocida mundialmente.

En 1960, en pleno auge de Estados Unidos se publicó el libro “The Big Drink, The story of Coca-Cola, escrito por E.J. Kahn Jr., editado por Penguin Random House, New York. En ese año se consumían 40,000 Coca-Cola por minutos en Estados Unidos.

La gran campaña de promoción en español a lo largo de la historia de esta gaseosa es una muestra del cambio de referentes y función que va tomando la misma en la sociedad. En 1886 el eslogan era “Disfrute una Coca-Cola”, medio siglo después en 1959 este se había transformado en “Coca-Cola refresca mejor”, en el 2009 fue “Destapa la felicidad” y en el 2014 era “Esta Navidad haz feliz a alguien”; de la marca como emblema a la felicidad como bandera, la Coca-Cola sigue imponiéndose a nivel mundial, lo cual no sería un problema en esta sociedad, sino que lo es a nivel salud porque tiene como “costo” de ese “vicio” azucarado, el promover enfermedades que terminan siendo mortales para la gente, como la obesidad y la diabetes.

Esta empresa global es una de las menos respetuosas con el medio ambiente allí donde se instala; en el año 2004, utilizó 283,000 millones de litros de agua, y esa cantidad permitiría dar de beber a todo el mundo durante diez días, o dar agua potable durante 47 días al año a la gente que no dispone actualmente de agua potable en el mundo. Asimismo, una planta que gana 438.000,000 de dólares paga 320,000 dólares por los derechos de explotación de los acuíferos, en detrimento de los pueblos vecinos y los productores rurales.

Otro ejemplo de políticas de rechazo al uso irracional del medio ambiente por parte de esta empresa es que hay más de 170 universidades, muchas de ellas norteamericanas que ponen trabas a la venta de sus productos, precisamente por estas malas prácticas ambientales. Universidades como la de Atlanta, Toronto, California, Berlín o las de Irlanda han expulsado a Coca-Cola de sus campus.

Los productos de Coca-Cola están siendo cuestionados por los gobiernos y grupos de consumidores en todo el mundo, ya que contribuyen de manera importante al desarrollo de graves problemas sanitarios, incluyendo obesidad, diabetes y problemas dentales por lo que se están produciendo campañas para eliminar estos productos de escuelas e institutos, una batalla difícil de lograr dado el gran arraigo que hay en los grupos sociales más pobres sobre las gaseosas, que son parte de sus “pequeños lujos”.

Pero el tema de salud es una parte del gran problema que genera esta bebida, ya que hay otros que se van uniendo, contaminación y salud, como es el caso de la India, donde hay muchas denuncias sobre la presencia de los plaguicidas en las bebidas gaseosas; son un caso típico de doble rasero sanitario en la producción industrial de esta gaseosa.

Debido a la gran presión social y gubernamental, hay una serie de normas que son de aplicación en esta industria cuando se trata de los norteamericanos y europeos y otras muy diferentes cuando se aplica a la producción de gaseosas en África, América Latina y los países asiáticos, como es el caso de los hindúes. Los productos de Coca-Cola fabricados en ese país nunca pueden ser vendidos en los mercados de la Unión Europea o de los Estados Unidos. En el año 2005, se han rechazado sistemáticamente los envíos de esta marca, fabricados en India por considerar que no son seguros sanitariamente.

Pero esto es una parte del problema, la otra es que un importante sector de la población de la India se está oponiendo a Coca-Cola por el abuso que hace de sus recursos hídricos, tanto en cantidad como en calidad de los recursos del agua subterránea en un país donde muchas comunidades aún no tienen acceso al agua, y además tiene un crecimiento demográfico muy elevado.

El problema es que el uso irracional de los acuíferos, explotados por encima de las capacidades de recarga, provoca un gran descenso en el nivel de las aguas subterráneas, lo cual deja sin agua a decenas de miles de personas y los que están cercanos al mar tienen que enfrentar el problema de penetración de agua de mar a sus acuíferos.

Coca-Cola emplea 2,7 litros de agua por litro de Coca-Cola en la India y con otras actividades el uso se eleva a 4 litros de agua más, de los cuales, tres litros de agua es contaminada y devuelta sin ninguna depuración siendo descargada en los campos vecinos, contaminado así los suelos y las aguas subterráneas.

La empresa global Coca-Cola también tiene problemas en México, donde explotan de forma muy irracional el acuífero más rico existente en la zona de San Cristóbal de las Casas, en el Estado de Chiapas. A lo largo de la primera década de este siglo, se hacen análisis de las aguas utilizadas para sus procesos industriales, resulta que éstas contienen más del doble del plomo permitido por las autoridades, pero el poder de esta empresa es muy grande además de estar amparado en el TLCAM.

La falta de ética de esta corporación la ha llevado a actuar con los mismos formatos de carencia de controles en los procesos técnicos para poder lograr un producto que no sea dañino a las personas, como ha sido el lanzamiento para el mercado británico la marca de agua embotellada DASANI, en el año 2004, al precio de 1,4 euros el medio litro de agua, que pronto se comprobó es la misma agua que ofrece la cañería de agua corriente en Londres.

Para el ciudadano británico, el agua en el domicilio tiene un costo de 0.004 euros el medio litro, mientras que la misma agua embotellada por Coca-Cola se vende a 1,4 euros, con lo que el negocio es total, con el agravante que se le añadía bromato para darle sabor, que es un producto cancerígeno y presentaba el doble de lo permitido legalmente por lo que la empresa global de Coca-Cola tuvo que retirar todas las botellas.

En el 2003, en la República de Panamá se sanciona con 300,000 dólares a esta multinacional por contaminar con colorantes el río Matasnillo que desemboca en la bahía de Panamá y es el ecosistema que embellece a la ciudad capital de este país.

Los ejemplos sobran en todo el mundo como fueron los casos de Bélgica, Holanda y Luxemburgo que en el año 1999, retiran los productos de esta trasnacional del mercado por estar contaminados por moho, dióxido de carbono y otras formas de contaminación bacteriana, así como un exceso de dióxido de carbono en las botellas, así como raticidas en las tarimas para el transporte de sus latas.

Coca-Cola comenzó a ser vendida en las farmacias de los Estados Unidos como tónico cerebral en el siglo XIX, aunque éste generaba una gran adicción en los pacientes. Por ello en el afán de transformar esto en un nuevo negocio el farmacéutico Pemberton convertiría dicho jarabe contra la tos en el s famoso de los refrescos en el último siglo.

La composición química de la Coca-Cola demuestra que es una droga vendida sin prescripción médica.

La Organización Mundial de la Salud recibe anualmente fuertes subvenciones financieras de Coca-Cola y a pesar de esto, la OMS reconoce que Coca-Cola es uno de los principales factores que acelera la aparición de la hiperglucemia, de la osteoporosis, de la hipertensión, gastritis aguda, cálculos renales, taquicardias y el deterioro del esmalte dental.

El poder de esta empresa global, que llega a todos los rincones del planeta, va más allá de lo que representa, ya que históricamente fue el progreso de un país y una mejor calidad de vida, hoy es una amenaza que viene de la era industrial y quiere seguir contaminado el mundo, habitantes y ecosistemas, disfrandose de un producto que vende felicidad, amor y paz, tres elementos fundamentales del capitalismo emocional.

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