Dos países diferentes, un solo gobierno

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Martin Luther King

 

Con el final del sexenio, se inicia la última gran puesta en escena de la política sexenal, el informe anual y el recuento sexenal, donde como en los cuentos todo es bello y hasta mágico, esto último es lo único cierto de estas declaraciones de despedida.

Es mágico porque nos muestra dos países muy diferentes entre sí, de uno mismo e indivisible México. Uno es el primer mundo, el de las visiones macroeconómicas donde el país se ubica entre el grupo de los grandes países, pero cada vez más atrás; el otro, el país de micro economía, el país real en el que viven más del 80% de la población, éste es el país de los magos, donde cada día hay que inventar un nuevo truco para sobrevivir.

En las cuentas macroeconómicas, México descendió en el 2017 a una posición más atrás que la que tenía hace dos décadas, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía disminuirá este año a 987 mil millones, una caída que es inferior al PIB de la recesión del 2009.

Esta vez fue rebasado por Indonesia, pero desde el inicio del nuevo siglo fue pasada por Brasil, Rusia, India, España, Corea del Sur y Australia.

México, en año 2000, estaba en el noveno lugar, mientras China pasó del sexto lugar en el comienzo del siglo al segundo en el 2010. Este es el mejor barómetro de la actividad económica pues mide todos los bienes y servicios producidos en el país.

Esta medición realizada por el organismo de mayor incidencia en las economías del mundo, dentro del sistema hegemónico, no es casual ya que se refleja inmediatamente al medir los dos extremos de la balanza, el de la pobreza de muchos y la riqueza de pocos.

En este 2018, el informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) presidido por la Secretaria Ejecutiva, la científica mexicana Alicia Bárcena, documento titulado, la “Ineficacia de la desigualdad”, nos da cifras que suenan a gran bofetada frente a los escenarios idílicos que plantea el gobierno hoy.

En 2002, la fortuna de los cuatro mexicanos más ricos representaba el dos por ciento del PIB; para 2014 ascendió a nueve por ciento, por lo que los 10 mexicanos más ricos del país, tienen un ingreso equivalente al 50% más pobre del país, estamos hablando de 60 millones.

El informe que fue presentado en la Universidad Nacional Autónoma de México, (UNAM) la investigación mide y analiza los efectos de la falta de acceso a la salud, la educación, los ingresos y la discriminación por género o condición étnico-racial en el país.

El Rector Enrique Graue Wiechers afirmó: “…Al crecer la pobreza y acrecentarse la brecha de desigualdad, las oportunidades escasean, la desesperanza crece; se generan tensiones sociales y con ello inseguridad. La cultura del privilegio alimenta la corrupción y las carencias de los satisfactores sociales conllevan a un deterioro ambiental”. Agregando que “se trata de igualar para crecer, porque la desigualdad es injusta, ineficiente e insostenible y genera instituciones que no promueven la productividad y la innovación; porque castiga la pertenencia de clase, etnia, género y lleva a su máxima consecuencia la cultura del privilegio que naturaliza las desigualdades, lo que es inaceptable”, aseveró.

Aunque la finalidad de la Cruzada Nacional contra el Hambre, impulsada al principio del sexenio como la principal estrategia social, era llegar a hambre cero en la población hasta 2016, que era el 20% de los mexicanos (24.6 millones de personas) tenían esa carencia, señalan datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), lo cual no solo no se pudo cumplir, sino que la pobreza creció en este sexenio.

El estudio “Derechos Humanos y Pobreza” ofrece un panorama desolador sobre derecho al trabajo, salud, educación, seguridad social, vivienda y alimentación, las madres solteras y de la tercera edad venden ropa y juguetes en la colonia Jardín Mangos para poder salir adelante ya que la pobreza es dura, declararon doña Perla, Inés, Esperanza y Leticia, en Acapulco, Guerrero, el 24 de junio de 2018.

En 25 años, el nivel de pobreza en México se ha mantenido prácticamente igual: la mitad de la población carece del ingreso suficiente para adquirir la canasta básica. Lo que sí ha cambiado es que hay 62 millones de personas en esa situación, casi 11 millones más que en 1992.

El problema se centra en la incapacidad para poder adquirir los productos de la canasta básica para alimentarse, con al menos una carencia social, situación que es dominante en la mayoría de los pueblos originarios de México.

En 2016, más de cinco de cada diez mexicanos (56%) estaban sin acceso a seguridad social pese a que lo establece la Constitución, o sea, 68 millones de personas que no tenían cubiertos los accidentes profesionales, las enfermedades, la maternidad, jubilación, invalidez, vejez y la muerte; en el caso de sus familiares, implicaba la falta de asistencia médica y medicinas.

“En muchos casos, se da por satisfecha la carencia con una acción sucedánea muy limitada. El caso más evidente es la carencia por seguridad social, que queda satisfecha si las personas reciben un programa de apoyo a adultos mayores”, según el estudio de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, titulado: “Derechos humanos y pobreza”, una radiografía sobre el incumplimiento del Estado mexicano en garantizar derechos constitucionales como el derecho al trabajo, la salud, la educación, la seguridad social, a la vivienda y a la alimentación.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) estimó en 2016 que había 56% de personas en pobreza, pues tenían un ingreso inferior a la línea de bienestar y al menos presentaba una carencia social, el estudio de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza afirma que eso no equivale al cumplimiento de los derechos sociales.

Cuando en el 2014, el CONEVAL sostenía que la pobreza era del 10% como extrema, más el 40% pobreza, lo que hacía un 50% más el 32% de carenciados en uno dos o tres de los items de carencias básicas, o sea, el 82%, que al analizarlo por Estado prácticamente se repite.

Seis de cada diez personas ocupadas tienen una remuneración insuficiente y cinco de cada diez (54%) no tienen prestaciones. En el caso de las mujeres es aún peor: el 54.7% reportan falta de trabajo y subocupación, una diferencia de 30.9% respecto a los hombres.

En materia educativa, las cosas no son muy distintas, parece que los resultados de la reforma educativa juegan al revés, o sea, se retrasan ya que hoy en México casi 31 millones de personas son analfabetas o no tienen educación básica; 2 millones 346 mil niños de entre 3 y 6 años no asisten a la escuela; y 4 millones 18 mil jóvenes de entre 15 y 20 años no asisten a clases.

En materia de salud, otro de los avances más promovidos por el Estado, la situación no deja de ser decepcionante. En la Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres de 2015 reveló que el 23.3% de las niñas y niños menores de 5 años (0-4) tiene algún problema en su desarrollo físico, motriz o cognitivo. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) estimó que seis de cada diez adultos no tuvieron atención para la detección oportuna de riesgos relacionados con enfermedades crónicas; y el 52% de los adultos con diabetes no reciben tratamiento adecuado en las instituciones públicas de salud, de acuerdo con el Observatorio Mexicano de Enfermedades no Transmisibles.

Pese a la “modernización” del INFONAVIT, el Estado incumple con el derecho a la vivienda, ya que de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2016, seis de cada diez mexicanos habitan viviendas sin condiciones adecuadas de saneamiento e higiene, como el acceso a espacio y medios para la disposición de la basura y las excretas, para la higiene personal, para el lavado de los trastes y utensilios usados para los alimentos y para el lavado de la ropa.

Estas carencias profundas de problemas fundamentales generan círculos viciosos que refuerzan y perpetúan la condición de pobreza durante el ciclo de vida de cada persona e incluso tienden a heredarse a la siguiente generación, una tragedia que según el Banco Mundial faltaría un siglo y medio de políticas constantes para poder superarlo.

La otra cara, o sea, la realidad la dan los resultados de las políticas públicas, ya que de los 232 programas federales que sí cumplen con lo mínimo indispensable de institucionalidad, sólo 40 tienen alcance superior al 50% de su población objetivo, y solo 20 tienen una cobertura superior a 100 mil personas.

A nivel de los Estados, que pretenden seguir manejando libremente los dineros públicos, los resultados no son diferentes, ya que, de los 2,528 programas, el 95% no cumple con la institucionalidad mínima y solo 128 programas sí cumplen ese primer criterio mínimo.

De acuerdo con el Índice de Desempeño de Programas Públicos Federales (INDEP) elaborado por GESOC, el 80% de los programas carecen de condiciones para resolver el problema público para el que fueron creados.

Éste es el otro México, la contracara de una realidad adecuada o creada para tener resultados muy limitados, es la muestra palpable que las famosas reformas estructurales no eran para la mayoría de la población, o sea, Usted ya sabe.

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