[testimonials design=”clean” backgroundcolor=”” textcolor=”” random=”no” class=”” id=””][testimonial name=”Eduardo Galeano” avatar=”none” image=”” image_border_radius=”” company=”” link=”” target=”_self”]“Para la derecha “el fútbol era la prueba de que los pobres piensan con los pies”; y para la izquierda, “el fútbol tenía la culpa de que el pueblo no pensara”[/testimonial][/testimonials]

Dr. Alfredo César Dachary

Eduardo Galeano, una de las memorias críticas de nuestra América, ha escrito varios artículos y un libro sobre el fútbol, donde hace una defensa de este deporte de masas y de la pasión que genera entre los hinchas. No cabe duda que Galeano ha entendido la sensibilidad de la gente, y mucho más en su tierra, Uruguay, donde entre el fútbol, el mate y el tango está la trilogía de un pueblo maravilloso.

Hay otras miradas posibles del fútbol, más allá de la nostalgia personal de lo que les gusta y les recuerda sus “picadas” en los baldíos, con la pelota de trapo o el balón duro de cuero, ablandado con cebo.

El fútbol es un deporte que nace con el colonialismo, ya que los ingleses, que son los primeros en practicarlo, los que lo reglamentan e imponen sus normas y que controlan parte de la Federación Mundial, lo llevaron por todo el mundo en sus campañas coloniales y en los territorios ocupados como colonia o solamente invadidos económicamente, como fue en América a través de las empresas del ferrocarril, las empresas de electricidad, los puertos, las grandes empresas agroindustriales, siempre traían el fútbol, y más reservado el tenis, el remo o el rugby.

En la India, un subcontinente, impusieron el criquet; en Sudáfrica se hizo popular el rugby como en Nueva Zelandia y Australia, ellos exportaban capitales y la cultura propia para “entretener a sus empleados” y recolonizar a sus peones, los nativos.

Pero esto es la historia de un deporte que durante muchas décadas fue un juego de pasiones hasta que hoy la sociedad global ha transformado en una competencia de consumo para poder estar en el ambiente real del fútbol, al extremo que uno de los nuevos “suvenires universales” son las camisetas de los equipos de futbol más conocidos del mundo.

Para Leonardo Boff, uno de los teólogos más importantes y luchador social brasilero, el fútbol cumple las características de una religión: la fe, el entusiasmo, calor, exaltación, un campo de fuerzas y una permanente apuesta de que su equipo como su fe va a triunfar.

Al igual que los eventos religiosos hay ritualizaciones sofisticadas, con música y escenificaciones de las distintas culturas presentes en el país; presentación de los símbolos del fútbol como son los estandartes y las banderas de los clubes y los países. Pero un caso especial para Boff es la copa que se juega en el campeonato mundial, la cual funciona como un verdadero cáliz sagrado, un Santo Grial buscado por todos, signo de veneración y objeto de adoración.

En el fútbol, continua este teólogo, al igual que en la religión –tomemos como referencia la católica-, existen los once apóstoles, lo cual es similar al futbol que tiene once jugadores, que representan al club o al país.

También al igual que en la religión están “los santos de referencia como Pelé, Garrincha, Beckenbauer y Maradona, que tiene su propia iglesia la “Maradoniana” y uno que desgraciadamente acaba de fallecer, el popular Alfredo Distéfano, todos son fruto de grandes reverencias, son la última palabra en este tema que hoy es un mundo, según las grandes cadenas mundiales que le denominan, Mundo fútbol.

Al igual que la religión tienen una estructura de poder jerárquica que tiene mucho dinero y no siempre es claro, ¿se parece al Vaticano o es mera coincidencia?, no sólo en lo cerrado sino en el manejo omnipotente del dinero y su oscuro origen que llega también a Italia, pero del sur.

Existe además un Papa que es el presidente de la FIFA, dotado de poderes casi infalibles, y viene rodeado de sus cardenales que constituyen la comisión técnica responsable del evento. Le siguen los arzobispos y obispos que son los coordinadores nacionales de la Copa, y las diferentes ordenes: la de los entrenadores, portadores del especial poder sacramental de poner, confirmar y

quitar jugadores, la de los jueces, maestros-teólogos de la ortodoxia, es decir, de las reglas del juego, que hacen el trabajo concreto de conducir el partido, y al final vienen los monaguillos, los jueces de línea, que ayudan a los diáconos.

No cabe duda que el mundo global cada vez se parece más a sí mismo, como si viviéramos en un gran espejo, y en el caso del fútbol, de la televisión, de los deportes, éstos han dejado hace mucho tiempo de ser deportes, hoy son empresas complejas donde los jugadores son los gladiadores romanos, se entrenan para sobrevivir en la arena y son premiados con dinero y un poder transitorio que les da la fama y los medios, que buscan siempre el héroe.

El campeonato mundial de futbol, que se llevó a cabo en Brasil es un tema complejo ya que éste es un país emergente con fuerza pero con una gran contradicción social, la cual se contempla en las imágenes de las gradas en la que el observador debe enfrentarse a la desigualdad racial tan cotidiana en esta sociedad.

En un país en que el 56% de los habitantes se declara negro o mulato, resulta difícil encontrar a alguien que no sea blanco en las gradas, y según una encuesta realizada por la Folha en uno de los partidos de Brasil, el 86% de los espectadores había completado estudios superiores. Entre la población general ese promedio apenas llega al 16%.

Para Carlos Ribeiro, sociólogo en la Universidad Estatal de Río de Janeiro, esto no se trata de discriminación racial, ya que lo sería si la FIFA no vendiese entradas a los negros. Lo que ha ocurrido es que la mayoría de los negros son pobres y las entradas son demasiado caras. Pero, ¿por qué los negros son pobres? Una situación que viene de muy lejos, ya que ellos son los descendientes de los esclavos que construyeron las primeras riquezas de ese Imperio primero y luego nación.

El partido en el gobierno fue el primero en sacar más de treinta millones de pobres de esa situación cuando gobernaba Lula y la actual presidenta tenía un cargo de ministro, por lo que las grandes marchas y actos de protestas, que tienen una gran parte de verdad también han sido manipulados por una derecha, que no le perdona al gobierno actual sus logros.

Pero lo que realmente me ha llevado a escribir estas notas es el resultado del partido de Brasil con Alemania, pese a que yo no soy “futbolero”, porque me impresiona que un país entre en duelo por el partido, como si todo lo que tiene se jugó ese día, allí uno dimensiona la gran distorsión que logran los medios de la realidad, ya que tras los gritos de cancha hay graves hechos mundiales y mucho más en el propio Brasil, pero el fútbol lo logra asimilar, manejar y elevar a la categoría de milagro, como decía Boff porque el fútbol tiene mucho de una religión y quizás lo sea, como lo ha logrado el futbolista argentino Maradona.

El drama de la goleada de Alemania tendrá sus explicaciones, pero hay hechos que llaman la atención. Brasil es el país de América que fue recolonizado en el siglo XIX y luego en el XX por la mayor inmigración alemana posiblemente a nivel mundial, de allí pasaron a Paraguay y a Argentina.

Hoy Brasil está dividido en dos, entre lo racial, lo económico y lo social, el norte con grandes riquezas naturales y la gran población pobre, donde hay esclavos en las plantaciones, donde la gente muere en el certao, o en las minas de oro; y el Brasil del sur, que son cuatro Estados, los cuales concentran los más elevados niveles de desarrollo humano, encabezados por Río Grande do Sul, lugar de donde salieron la mayoría de los presidentes del siglo XX de esta gran nación.

Allí está Nova Hamburgo, entre otros de los pueblos “alemanes” que van del Atlántico a la frontera, y siguen en los estados de Paraná, Santa Catarina y San Pablo, la capital económica de Brasil. El Brasil rico es el que está poblado por esta gran inmigración, sin descontar la japonesa, muy importante también.

Hoy Brasil ha recibido el mayor castigo futbolístico del país que ayudó a transformar el sur de Brasil en una región de alto desarrollo no sólo agropecuario sino industrial y hoy de servicios. No hay una relación directa, tan sólo una casualidad que nos hace pensar que al final el partido perdido es entre viejos conocidos, que tienen más en común que los que muchos piensan. Curiosidades del fútbol y de la historia; una anécdota y no una tragedia.

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