[testimonials design=”clean” backgroundcolor=”” textcolor=”” random=”” class=”” id=””][testimonial name=”Papa Francisco” avatar=”none” image=”” image_border_radius=”” company=”” link=”” target=”_self”]“La hipocresía es el lenguaje de los corruptos”[/testimonial][/testimonials]

Dr. Alfredo A. César Dachary

En la tercera parte de este análisis sobre la Encíclica Laudato Si´ del Papa Francisco, de este año de 2015, pasamos de la cuestión ecológica a social, que es un camino que pasa por el terreno político, ya que los grandes problemas sociales responden a una sociedad asimétrica construida a partir de una minoría, menos del 1% que domina más de la mitad del PIB planetario de manera directa e indirecta la mayoría del mismo.

Quizás el mayor avance que ha logrado Francisco en su discurso religioso social es aquel por el cual termina asociando la degradación ambiental con la social, uno de los errores históricos de los ecologistas que los llevó a un visión unilateral y utópica, de los problemas ecológicos.

En el punto 43, el Papa plantea claramente “… el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas”.

En el punto siguiente analiza la crisis urbana, que ha llevado a que en los países pobres se formen grandes megalópolis donde la miseria y la violencia reinan por encima del orden que es rebasado.

Así en el punto siguiente de la Encíclica, Francisco afirma “… el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las emisiones tóxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte y a la contaminación visual y acústica. Muchas ciudades son grandes estructuras ineficientes que gastan energía y agua en exceso. Hay barrios que, aunque hayan sido construidos recientemente, están congestionados y desordenados, sin espacios verdes suficientes. No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza”.

El Papa no cae en el embrujo del “modo de vida ecológico” que unas minorías utilizan para auto justificar la diferencia y la creación de guetos, y lo expresa así “…en algunos lugares, rurales y urbanos, la privatización de los espacios ha hecho que el acceso de los ciudadanos a zonas de particular belleza se vuelva difícil. En otros, se crean urbanizaciones “ecológicas” sólo al servicio de unos pocos, donde se procura evitar que otros entren a molestar una tranquilidad artificial. Suele encontrarse una ciudad bella y llena de espacios verdes bien cuidados en algunas áreas “seguras”, pero no tanto en zonas menos visibles, donde viven los descartables de la sociedad”.

La ratificación de la asimetría en este mundo de la revolución tecnológica y de aparente “progreso” es planteado como una evidencia más que la ruptura de la solidaridad, la justicia y la fragmentación de la comunidad se dan a partir de estos “logros”: y así plantea que “…en los componentes sociales del cambio global se incluyen los efectos laborales de algunas innovaciones tecnológicas, la exclusión social, la inequidad en la disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, la fragmentación social, el crecimiento de la violencia y el surgimiento de nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes, la pérdida de identidad….Son signos, entre otros, que muestran que el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus aspectos un verdadero progreso integral y una mejora de la calidad de vida. Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera degradación social, de una silenciosa ruptura de los lazos de integración y de comunión social”.

En el punto siguiente y dando la coherencia al discurso, el Vicario de Roma enfrenta los grandes problemas del mundo digital, esta realidad que nos ayuda a soñar y a separarnos cada vez del otro más allá de las diferencias, en favor del individualismo egoísta que promueve esta “filosofía de vida”, basada en las apariencias en vez de la esencia humana, nuestro mayor capital.

Una vez más las palabras simples suenan fuerte en medio del ruido ensordecedor de los medios que combinan lo visual con lo auditivo, la imagen con nuestros sueños, para ser integrados por un nuevo dios Big Data. Así Francisco, el Papa, plantea “…los medios del mundo digital que, cuando se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad. Los grandes sabios del pasado, en este contexto, correrían el riesgo de apagar su sabiduría en medio del ruido dispersivo de la información. Esto nos exige un esfuerzo para que esos medios se traduzcan en un nuevo desarrollo cultural de la humanidad y no en un deterioro de su riqueza más profunda. La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental. Al mismo tiempo, tienden a reemplazarse las relaciones reales con los demás, con todos los desafíos que implican, por un tipo de comunicación mediada por Internet. Esto permite seleccionar o eliminar las relaciones según nuestro arbitrio, y así suele generarse un nuevo tipo de emociones artificiales, que tienen que ver más con dispositivos y pantallas que con las personas y la naturaleza. Los medios actuales permiten que nos comuniquemos y que compartamos conocimientos y afectos. Sin embargo, a veces también nos impiden tomar contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal. Por eso no debería llamar la atención que, junto con la abrumadora oferta de estos productos, se desarrolle una profunda y melancólica insatisfacción en las relaciones interpersonales, o un dañino aislamiento”.

En una página se logra una descripción completa de este proceso al que Carr define como el fin del pensamiento lineal o nueva visión superficial construida a partir de la nueva “Biblia digital que es Google”, un sistema de amansamiento y trasformación del pensamiento, como el que planteaba medio siglo atrás el senador McCarthy, cuando hablaba del “lavado de cerebros”.

En el punto 48, Francisco ratifica una de las ideas centrales “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social. De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre”.

La sociedad hipócrita, la que se viste de democracia para ocultar los grandes efectos trágicos de la asimetría, la de los profesionales, los creadores de opinión y los políticos, no puede quedar fuera de este análisis y menos sin responsabilidad en el genocidio social. Así sostiene que “… en los debates políticos y económicos internacionales, frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar. Ello se debe en parte a que muchos profesionales, formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces favorecida por la desintegración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados. Esto a veces convive con un discurso «verde». Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

La Encíclica es una verdadera descripción del mundo desde la perspectiva del ser humano en su dimensión real, solidario, justo, ético, disociado de la fantasía y aterrizado en nuestra penosa realidad. Eso le permite permear el planteamiento más perverso que se disfrazan de ideas “humanitarias”, y que son la base del ecologismo político, que plantea el respeto a la naturaleza pero no toma en cuenta al hombre, agobiado por las ideas extremistas de la ecología profunda y otros planteamientos que fueron vigentes durante el nazismo, base ideológica de la relación hombre blanco-naturaleza-paraíso.

Por ello, el Papa claramente condena las políticas de control natal basadas en la necesidad de “reducir la población” y no el consumo, así afirma “…en lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad. No faltan presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de «salud reproductiva». Pero, «si bien es cierto que la desigual distribución de la población y de los recursos disponibles crean obstáculos al desarrollo y al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario.

Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas. Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo”.

Los temas tocados son una parte de esta profunda Encíclica, donde el Papa Francisco asumió, como líder de una religión de amplia cobertura mundial, el camino más difícil, enfrentar las bases de la pobreza, la injusticia y del uso irracional de los recursos naturales, una vía diferente a la de otras creencias que van de lo místico a lo fanático, pasando por lo folclórico, sin asumir la realidad.

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