Dr. Alfredo César Dachary

A finales de agosto de 2014, Pekín anunció que se habían descartado las nominaciones abiertas de candidatos para el cargo de Jefe Ejecutivo de Hong Kong, lo que llevaría a la existencia de dos o tres candidatos que serán nominados por un comité que tendría el visto bueno del gobierno chino.

Los activistas pro democracia”, operados desde afuera, condenaron la decisión y sostienen que esta posición “frustra las esperanzas de la gente para el cambio e intensificará los conflictos en la sociedad”, y prometieron llevar a cabo protestas masivas.

Pero ¿por qué importan estas elecciones? y ¿por qué Pekín se resiste a entregar más derechos a los habitantes del territorio? Hong Kong, antiguo enclave inglés, tuvo una “democracia” dirigida por los grandes banqueros, los mismos que acordaron el gobierno chino y que permitieron que esta ciudad puerto sea el mercado de la banca offshore más importante de la región.

Según el periódico chino ‘Huangiu Shibao’, los líderes del movimiento de protesta Occupy Central, que desde el junio de este año organizan diversas acciones de masas con el objetivo de democratizar el sistema del poder en Hong Kong, participaron en seminarios en el Hong Kong-America Center.

El objetivo de esta organización, sin fines de lucro, consiste en “promover el entendimiento mutuo entre los chinos y los americanos” y durante estos eventos, a los que asisten también los miembros del Consulado General de Estados Unidos, a los activistas estudiantiles les exigieron “promover cambios democráticos”, prometiendo apoyo de Washington, incluso la oportunidad de estudiar y vivir en Estados Unidos. Durante los seminarios, algunos expertos internacionales les enseñaron tácticas de acciones de protesta y estrategias de negociación con las autoridades durante manifestaciones, acentuando las exigencias políticas a las que en ningún caso hay que renunciar.

Hong Kong ha sido un tradicional centro de lucha ideológica contra China continental y es, al igual que Taiwan, una sociedad de doble cara, los que tienen buenos ingresos por un lado y los que viven una especie de esclavitud por la otra, algo que ya se viene repitiendo en Qatar, Abudabi, Dubái, Arabia Saudita y varios países occidentales.

La lucha por la democracia dirigida no toca a Singapur, una de las dictaduras más fuertes y sanguinarias de la región, también antiguo enclave colonial inglés, porque es un aliado total de Estados Unidos, pero si a Myanmar, la antigua Birmania, porque tiene fuertes lazos comerciales con China.

Lo mismo ocurre con Macao, la ex colonia portuguesa, esta isla china, convertida desde 2002 en la nueva Meca de los casinos, registró un PIB per cápita de 91,376 dólares en 2013, sólo por detrás de Luxemburgo, Noruega y Qatar. Sus ingresos por el juego no dejan de crecer, por lo que es la cuarta economía del mundo, bajo un poder “comunista”, ¿por qué no hay quejas?

Un año más, y por decimotercera vez consecutiva, Hong Kong encabeza el Índice de Libertad Económica, que de forma anual prepara la Heritage Foundation de Washington junto con el diario The Wall Street Journal. Es significativo que Hong Kong se mantenga año tras año como la economía más libre del mundo, en contraste con los pronósticos catastrofistas que muchos hicieron cuando volvió a la soberanía de la República Popular China en 1997.

Parece ser que a los grandes banqueros no les preocupa la libertad que piden algunos grupos que manipula Estados Unidos como una forma de desprestigiar a China, ya que en el corazón de Wall Street y en el centro del poder certifican a este enclave como un lugar de libertades.

Pero Hong Kong tiene otra cara, que viene de la época colonial y que se acentúa en la medida en que hay más dinero y los propios ciudadanos ya no quieren hacer trabajos de “servilismo”, lo cual ha llevado a que se incremente el tráfico de personas para caer en una especie de “esclavitud moderna”, algo típico de las nuevas “democracias que apoyan a Occidente: Qatar, Abudabi y Dubái, entre otras.

Miles de mujeres indonesias que son objeto de trata y llevadas a Hong Kong para trabajar como empleadas domésticas están expuestas a sufrir allí condiciones semejantes a esclavitud sin que ninguno de los dos gobiernos haga nada para protegerlas de los abusos y la explotación generalizados, ha manifestado Amnistía Internacional.

En el informe Exploited for Profit, Failed by Governments se explica cómo las agencias de contratación indonesias y los agentes de colocación de Hong Kong trafican con mujeres indonesias con fines de explotación y trabajo forzoso. Las someten a abusos como restricción de la libertad de circulación, violencia física y sexual, falta de comida y jornadas de trabajo excesivamente largas y en condiciones de explotación. 

“Desde el momento en que las convencen con engaños de que vayan a trabajar a Hong Kong, las mujeres se ven atrapadas en una espiral de explotación que, en algunos casos, constituye una forma moderna de esclavitud”, ha señalado Norma Kang Muico, investigadora de Amnistía Internacional sobre los derechos de las personas migrantes en Asia y Oceanía. 

Las conclusiones del informe están basadas en exhaustivas entrevistas con 97 trabajadoras migrantes indonesias empleadas en el servicio doméstico y tienen el respaldo de una encuesta del Sindicato de Trabajadores Migrantes Indonesios realizada a casi 1,000 mujeres. Hay más de 300,000 trabajadores migrantes domésticos en Hong Kong, alrededor de la mitad de ellos de Indonesia, y casi todos son mujeres. Atraídas por la promesa de un trabajo bien pagado, lo que encuentran realmente esas mujeres allí no podía ser más distinto. 

Resalta la falta sistémica de medidas de los gobiernos de Hong Kong e indonesio para proteger a las trabajadoras migrantes domésticas de la explotación, ya que a veces, la actuación de las autoridades deja a las mujeres más expuestas aún a sufrir abusos. 

En Indonesia se obliga a las futuras trabajadoras migrantes domésticas a acudir a agencias de contratación autorizadas por el Estado incluso para recibir formación antes de partir y estas agencias y los intermediarios que colaboran con ellas engañan a las mujeres al informarlas del precio de sus servicios y de los salarios, se queden con sus documentos de identidad y otros objetos como garantía y les cobran más de lo que permite la ley.

Normalmente, las agencias de contratación no proporcionan a la trabajadoras migrantes la documentación legal necesaria, como el contrato, el seguro obligatorio y la tarjeta de trabajo para extranjeros, lo que también menoscaba sus posibilidades de pedir reparación, ya que cuando  una trabajadora migrante doméstica llega a Hong Kong queda bajo el control estricto de su agencia local de contratación y, a menudo, de su empleador. 

La gran mayoría de las mujeres entrevistadas por Amnistía Internacional habían entregado sus documentos a su empleador o a la agencia de contratación de Hong Kong y alrededor de la tercera parte no les permitían dejar la casa de su empleador, ya que trabajaban 17 horas al día, por término medio, en numerosos casos no cobraban siquiera el salario mínimo establecido, tenían prohibido practicar su religión y que no tenían ningún día libre a la semana.

Es así como las mujeres se ven atrapadas en esta espiral de trabajo forzoso por la gran deuda que contraen como consecuencia de opaco y excesivo precio de los servicios de contratación, víctimas de las  agencias de contratación de Indonesia y los agentes de colocación de Hong Kong actúan en connivencia para burlar los límites legales de lo que pueden cobrar a las trabajadores migrantes domésticas.

El problema es que las agencias burlan la ley cobrando sus excesivos precios por medio de terceros de diversa índole, incluidas empresas financieras, por lo que el Comisario de Trabajo de Hong Kong anuló la licencia sólo a dos agencias de colocación en 2012 y sólo a una en los cuatro primeros meses de 2013.

En Hong Kong, estas “esclavas modernas” ante el temor a contraer más deudas por pagar otra vez los servicios de contratación para acceder a un empleador, quedan a menudo las mujeres atrapadas en manos de un empleador que las maltrata. 

De allí que las dos terceras partes de las trabajadoras migrantes domésticas entrevistadas por Amnistía Internacional habían sufrido malos tratos físicos y psicológicos, ya que el requisito de que las trabajadoras migrantes domésticas vivan con su empleador aumenta su aislamiento y las deja aún más expuestas a sufrir abusos. 

Las leyes de Hong Kong estipulan que las trabajadoras migrantes domésticas deben marcharse de allí si a las dos semanas de la terminación de su contrato, no han encontrado un nuevo empleo y conseguido un visado de trabajo, y esa  presión hace que las trabajadoras continúen soportando situaciones abusivas, porque saben que si dejan el trabajo es poco probable que encuentren otro nuevo en dos semanas y tendrán, por tanto, que marcharse del país. Muchas no podrían entonces pagar de nuevo los servicios de contratación o mantener a sus familias. 

Ante esta situación Amnistía Internacional pide a ambos gobiernos que ratifiquen y apliquen con prontitud el convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos. 

Que la posición de Hong Kong no haya cambiado dice mucho a favor no sólo de las autoridades de la ex colonia británica, sino también del gobierno central en Beijing, y de cómo ambas partes han podido, con el pragmatismo que les caracteriza, mantener un estatus quo mutualmente favorable.  

El estudio de la Heritage Foundation destaca que Hong Kong es uno de los principales centros financieros del mundo, no existen prácticamente restricciones a la inversión extranjera, los impuestos están entre los más bajos del planeta, y se puede establecer un negocio en Hong Kong en once días, cuando el promedio mundial es de 48.

Estas son las dos caras diferentes del enclave de “oro”, la gran riqueza, la ciudad más “libre” para hacer negocios, la ciudad de los grandes bancos y rascacielos y la ciudad con esclavas modernas: Hong Kong.

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