[testimonials design=”clean” backgroundcolor=”” textcolor=”” random=”no” class=”” id=””][testimonial name=”Dogen Zenji” avatar=”none” image=”” image_border_radius=”” company=”” link=”” target=”_self”]“Como no se aparte de la mente que persigue la fama y el beneficio, pasará su vida sin encontrar la paz”[/testimonial][/testimonials]

Dr. Alfredo César Dachary

Cuando concluye la Segunda Guerra Mundial, las dos principales potencias derrotadas, pasan a ser “administradas” por el ejército aliado, a su vez controlado por el mando de Estados Unidos, un período oscuro en el cual los grandes criminales de guerra logran huir o insertarse en los centros científicos de Estados Unidos y la URSS, a la vez que con un juicio a los militares e ideólogos en Núremberg, se cierra el capítulo del holocausto nazi.

Lo mismo o más cínica fue la actuación de los militares de Estados Unidos que redujeron al máximo las masacres, experimentos, violaciones masivas, deportación y exterminio de pueblos que hicieron los japoneses, bajo la mirada del Emperador- Dios, Hirohito. Pero esto no debería sorprendernos porque Japón un siglo antes, cuando Occidente pretende entrar al imperio, responde mandando gente a estudiar a Estados Unidos para poder “adecuarse a la modernidad”; el honor japonés es otro mito que se va en el siglo XX, ya que pasaron de ser derrotados y exterminados con dos bombas atómicas a fieles lacayos de un capitalismo en el cenit de la hegemonía mundial.

Desde 1955 a 1989, el valor de los bienes inmuebles japoneses se había multiplicado por 75, lo que suponían el 20% de la riqueza mundial, aproximadamente 20 billones de dólares, un valor equivalente a cinco veces el territorio completo de Estados Unidos, país que contaba con una extensión 25 veces mayor.

Un ejemplo es que la zona metropolitana, centro y periferia, de Tokio tenía el mismo valor que todo Estados Unidos, y un Distrito de Tokio, el Chiyoda-ku, valía más que todo Canadá. Otro ejemplo de ese “desarrollo” especulativo es que para 1990 los campos de golf de Japón doblaban el valor de la capitalización de la bolsa australiana.

En 1990, el Banco Central de Japón toma una decisión que servirá de detonante para la burbuja inmobiliaria ya que ante el riesgo inflacionista y la depreciación del yen frente al dólar decidió aumentar el tipo de interés bancario, que pasó del 2.5% al 6%, lo cual llevó a que los precios de las acciones sufrieran un fuerte descenso y el índice Nikkei perdió un 63% de su valor.

El colapso arrastró hacia abajo a los precios de los bienes inmuebles que las acciones tenían como garantía, es así como el sistema financiero entró en una grave crisis financiera, se inició una recesión económica que todavía continúa al día de hoy, y que la sociedad lo percibe a través del paro, se redujo de manera importante el consumo, así como baja al máximo el sistema de recompensas de la sociedad japonesa que se vio trastocado. En el período de euforia, antes de los 90’s, la ingeniería financiera sustituyó los valores relacionados con el trabajo y la responsabilidad, creándose una espiral de avaricia y enriquecimiento rápido que descompuso algunos de los principios rectores de la moral pública nipona.

Esto último no es una reflexión, sino el planteamiento de las enfermedades sociales que genera una sociedad altamente competitiva, individualista y guiada sólo por el consumo y el ascenso, ambos como expresión de éxito. Estas enfermedades, que son sólo típicas de Japón, se expresan de diferentes maneras, siendo una de las complejas lo relacionado con el sexo en las parejas.

La conducta sexual de los japoneses se expresa en que la mayoría de las parejas mantienen relaciones sexuales con frecuencia inferior a una vez al mes, llegando incluso a lustros o décadas sin tener sexo con su pareja, pero en el otro extremo está la industria pornográfica y del entretenimiento adulto en Japón que va a la alza, generando ganancias de miles de millones de dólares.

Los japoneses menores de cuarenta años han perdido el interés por las relaciones, por ello ni citas ni sexo, algo que el gobierno japonés define como el “síndrome del celibato” hecho que está en la base de una catástrofe nacional ya que Japón tiene uno de los índices de natalidad más bajos del mundo.

El número de solteros es muy elevado, el 61% de los hombres y el 49% de las mujeres entre 18 y 34 años no mantienen ningún tipo de relación sentimental, y un tercio de los menores de 30 jamás ha tenido una cita. Esto se refleja en una encuesta realizada en 2013 por la Asociación Japonesa de Planificación Familiar, y recogida por el diario británico The Guardian, que señala que el 45% de las chicas entre 16 y 24 años “desprecia el contacto sexual”.

Según las proyecciones del gobierno, una de cada cuatro nunca se casará, y casi el 40% de las chicas que hoy tienen 20 años no tendrá hijos y esta falta de interés alarma a las autoridades hasta el punto de advertir: “la crisis demográfica es tan seria, que podría llevar a nuestra extinción”. En 2012 nacieron menos bebés que ningún otro año, ya que con sólo 126 millones de habitantes, temen perder un tercio de la población en 2060.

El ciudadano medio abrumado por exceso de trabajo y encerrado en su mundo individualista, prefiere las cabinas con películas porno y otros tipos de entretenimiento sexual, donde él pueda disfrutar ¿individualmente? Pero esto no emerge hoy con la crisis de las centrales atómicas, sino que se viene construyendo en el largo proceso de transformación de una sociedad rígida y ordenada en una selva individualista y competitiva, y éstos son algunos de los ejemplos que sirven para marcar este “nuevo comportamiento”:

  • 1 de cada 3 japoneses casados no tiene sexo con su esposa.
  • En Tokio hay más mascotas que niños menores de 3 años, ya que los japoneses prefieren a las mascotas para llenar vacíos emocionales.
  • Para el 2060, Japón tendrá una población muy vieja, dónde el 50% tendrá más de 65 años.
  • Japón tiene el récord mundial de abstinencia sexual, 1/3 de la población prefiere la masturbación que tener relaciones con su pareja.
  • Un japonés puede gastarse más de 10,000 dólares en una muñeca erótica, ésta es la novia perfecta para un japonés.
  • Gastan más de 300 dólares por platicar en un bar o 50 dólares por un masaje de orejas.
  • Entre el 60 y 70% de las parejas mayores a 40 años no tienen relaciones y han estado años sin tenerlas.

Los costos sociales de construir una sociedad “perfecta” derivan en enfermedades sociales como el egoísmo al extremo, a ello se le suma un fenómeno mundial cada vez más extendido que es la falta de comunicación, soledad, egoísmo y hedonismo, el hombre frente al espejo y todas sus posibles distracciones.

No cabe duda que la gran crisis que se inició en los 90´s y se recrudeció en el 2008 y potencializó con el gran problema de la central nuclear de Fukushima, es exteriormente el punto de partida de este quiebre en una sociedad muy tradicional, donde se aloja la familia imperial con mayor antigüedad a nivel mundial.

Pero hay otros temas que son parte de esta situación, como la decadencia de su modelo educativo y contrario a lo que se piensa, Japón no tiene muchas universidades que estén ubicadas entre las mejores del mundo, a ello se le suma la caída de la natalidad que hace disminuir los alumnos, y muchas universidades han tenido que cerrar por falta de los mismos. Su modelo educativo no ha ayudado a atraer a estudiantes de otros países, ya que las clases son en japonés y de este modo no interesan a estudiantes de países emergentes como China, los que optan por estudiar en países anglosajones.

La caída de la natalidad y envejecimiento de la población se refleja en el mercado laboral ya que hay menos población en edad laboral sin incrementos de la productividad, mientras aumenta el número de los ancianos que requieren una serie de servicios mínimos.

A diferencia de otros países, Japón no puede resolver este problema mediante la inmigración, ya que para este país la misma es una excepción que está casi cerrada, además de la dificultad del idioma y la sociedad. Los potenciales inmigrantes, como los coreanos y otros asiáticos, tienen temor por la historia negra del japonés en el siglo XX.

Hoy, los problemas culturales y sociológicos a los que se enfrenta son consecuencia de una sociedad opresiva y muy competitiva, y que además debe enfrentar la pérdida de su posición mundial frente a China, Corea y los otros tigres asiáticos, lo cual hiere el orgullo del país. Si se le suma el accidente de Fukushima, el Chernóbil asiático, la crisis se da en todos los planos, y ello incide en una sociedad agobiada por la crisis, primero económica, luego social y al final ambiental, algo así como una “tormenta perfecta”.

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